
El pulpo gigante del Pacífico es el ser viviente irracional más maternal del planeta. Un invertebrado que se esfuerza al imite para asegurar la supervivencia de los huevos.
Se considera la especie más maternal del reino animal. Parece sorprendente, dado que se trata de un molusco, pero cierto. El pulpo gigante del Pacífico es llamado así por el tamaño que puede alcanzar en la edad adulta, alrededor de nueve pies de largo, llega a pesar los 250 kg. Es un animal de peso sin duda, pero con una vida media de vida que abarca sólo dos años. Son animales que habitan el fondo marino, ya han sido vistos a cerca de 70 metros de profundidad. El pulpo gigante es sordo, como todos los cefalópodos, pero tienen un par de ojos con cerca de 50 000 receptores por cada milímetro cuadrado de luz que les permiten ver con gran claridad la oscuridad aún mayor. Las puntas de los ocho tentáculos actúan como narices y, como tal, puede a través del agua detectar cambios hormonales, imagínense pequeñas células especializadas en olores, por lo tanto capaz de detectar el comportamiento agresivo y actuar en consecuencia. A diferencia de la leyenda no atacar a los humanos, pero en caso de amenaza lanza un líquido oscuro y viscoso y huye a gran velocidad debido a sus cuerpos aerodinámicos. Su principal arma de defensa es un comportamiento llamado mimetismo, es decir, que cambian de color en menos de treinta segundos y se mezclaba con su entorno. Si ninguno de estas conductas defensivas resulta, no dudan en atacar, incluso cuando se trata de sus depredadores naturales, tales como el tiburón y no les importa que en la confrontación puedan perder a uno o más tentáculos, ya que con el tiempo vuelven a crecer. Son inteligentes, pero no hasta el punto de adivinar el resultado de los campeonatos de fútbol.
Además de su dimensión y capacidad con que la naturaleza los dotó, que señala a la atención de científicos de todo el mundo es su abnegación total cuando se trata de la procreación. Estos invertebrados cuando se emparejan, no comen, literalmente. Es un acto muy dramático de amor que provoca la muerte inmediata del macho después de un cierto período de tiempo sin comida. La hembra es la parte que nos concierne en este relato, ella vigila los huevos en una cueva donde los reúnen cubriendo la entrada con piedras para impedir la entrada de posibles depredadores. Durante los seis meses que sigue el período de incubación, el pulpo no se alimenta, sin piedad cuidando sus crías preciosas a la vez que oxigena los huevos para evitar las enfermedades y otros peligros de los agresores del fondo marino. Ella cuida a los más pequeños hasta la extenuación, hasta el punto que en un gesto maternal, si se puede llamar así, por la última vez sopla agua sobre los huevos para causar la eclosión. Es su último aliento antes de morir, pero al mismo tiempo es un soplo de vida. Mayor prueba de amor que esta no existe, la explicación? Los científicos todavía están debatiendo esta cuestión. Te hace pensar, ¿no?



