Es el salón de conciertos más antigua de la isla. Síganme a través de este viaje en el tiempo.
He tenido muchos nombres. En el principio era doña María Pía. Con el establecimiento de la República , me llamaron de Funchalense, imaginen! Como si eso no fuera suficiente una vez más decidieron cambiar mi identidad para Manuel de Arriaga. Finalmente se decidió, Teatro Baltazar Dias, el nombre de un escritor teatral ciego! No os parece improbable que tenga el nombre de alguien que si fuera vivo nunca podría admirar mi larga clara entrada? El día que el último retoque se ha aplicado, no puedo decirlo con seguridad, el año fue 1887, en los meses templados de julio. He añadido al todo 124 de la existencia bien cuidados, quien me mira, no me da más que setenta. Soy un privilegiado. Pero, vamos entren, no sean tímidos!
Venid, pues, la arcada conduce a la sala principal lleno de rostros de otros tiempos, los artistas que vinieron aquí y dejaron su huella en mis paredes blancas. El acceso a la audiencia es un camino estrecho, es de propósito, para que nunca sepa lo que le espera. No teman con el crujido de mis tablas, es la edad sabe? Sombras repentinas nublan la mirada, luego son bañados por la luz de mi vientre, ciento cincuenta asientos rojos frente al escenario, el altar de los artistas, como me gusta llamarles. Mire a tu alrededor! Pequeñas ínsulas, como oí susurrar a alguien, rodeando todo el espacio, accesible en cortos vuelos de escaleras con rejas de hierro. En la parte superior, los querubines mirando a través de flores de cristal, felices, divertido y al mismo tiempo la curiosos con lo que está sucediendo en lo más profundo. A pesar de mi edad madura, mi acústica es de lo mejor. Impecable. Todavía recuerdo con cariño mi primer concierto, patrocinado por la Asociación de Música 25 de enero. Fue una inauguración triunfal, la casa casi se vino a abajo, tal era la cantidad de gente y curiosos que me honraron con su visita. Por supuesto que me comporte con valor, era más joven. Aparecí en la portada del diario de noticias de ese año, se dijo que era encantador. No es por presumir, pero a pesar de mi figura rígida y la apariencia más envejecida los que me conocen bien saben que yo hasta que soy un teatro muy acogedor. Durante estos cien años de existencia, por mí se han hecho eco las grandes voces con reputación nacional e internacional, se han dejado sentir las melodías más bellas que jamás se tocaran y escucharon los textos más alegre y trágicos jamás escritos. Fui construido como un templo de la conmoción por que aquí el público ya ha llorado, reído y ha sido tocado en el corazón. Es mi fado, mi destino. Les doy la bienvenida a todos y no favorezco a ninguno. Por lo tanto, albergo todos con los brazos abiertos, espero que por más un siglo. Así que se cae el telón y este espectáculo termino. Hasta otro momento. Vuelva a menudo!




