Una Mirada al Mundo Portugués

 

                                                                           

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Nove

Escrito por 

Sígueme para un viaje a través de los ensayos de una actuación poética no convencional, en escena por el grupo de teatro Casa da Esquina y que estará en itinerancia por Portugal y Galicia.

Me encuentro en un potencial escenario teatral carente de carne, donde sólo hay paredes desnudas y visualizo una especie de barra improvisada donde ahora se oye el eco de pasos que inundan un espacio antes mudo. Poco a poco, se construye un espacio escénico, obteniendo una consistencia basada en una estructura rodeada de cables, luces y bancos que permitirá crear un diálogo entre los actores y el público. La isla como ellos lo llamas, hecha de sillas apiladas y una luz a imitar un faro. El espejo que refleja muy poco o nada y que nos permitirá vislumbrar sólo dos sombras. La arena volcánica negra y piedras completan el escenario que más quiere parecerse a una tierra rodeada de mar. Antes de empezar el ensayo se prueba todo el material para la función en esta noche, no puede hay imprevistos. La guitarra acústica emite sonoridades extrañas a su naturaleza, parecen relinchos, silbidos y golpes, que poco a poco se van transformando en una melodía rítmica que sirve como una entrada melódica para las palabras y para exaltar a los silencios.


 

El diálogo a dos voces en unísono comienza. Es un conflicto en dos idiomas. El primero es femenino, suave, pero seguro, como un lenguaje casi extraño, incógnito, pero conocido al mismo tiempo. María Lada caminar hacia su poesía gallega. En el comienzo de una historia, que dice: En la costa más occidental de costa rompe as mareas...Y sigue su letanía intermitente, que cuenta la leyenda, o no, de una isla que aparece poco a poco como un espejo y sólo en las fechas indicadas se puede entrar. La otra es masculina y grave. Estamos acostumbrados a este sonido ritmado con su familiaridad reconfortante. De repente, la entonación más fuerte Ricardo Correia se injerencia, redescubre su suavidad, habla con dolor, de una pérdida: Noviembre duele inmenso, cuando el mar rompe contra las rocas. Es una especie de diálogo entre dos amantes que se inicia ante mis ojos. No es él par ella, ni ella para él, más como el discurso de dos seres que se perdieron en el inmenso. Él dice con mirada ausente: No hay bálsamo para un brazo amputado. Tú nunca preguntas por mí. Tal vez nada más sea que el miraje de una relación, que aparece como una isla poco a poco como en un espejo. Él sabe que llegó a su fin, murió, pero el anhelo, ah, la nostalgia no mata, pero muele por dentro.

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