
El diálogo a dos voces en unísono comienza. Es un conflicto en dos idiomas. El primero es femenino, suave, pero seguro, como un lenguaje casi extraño, incógnito, pero conocido al mismo tiempo. María Lada caminar hacia su poesía gallega. En el comienzo de una historia, que dice: En la costa más occidental de costa rompe as mareas...Y sigue su letanía intermitente, que cuenta la leyenda, o no, de una isla que aparece poco a poco como un espejo y sólo en las fechas indicadas se puede entrar. La otra es masculina y grave. Estamos acostumbrados a este sonido ritmado con su familiaridad reconfortante. De repente, la entonación más fuerte Ricardo Correia se injerencia, redescubre su suavidad, habla con dolor, de una pérdida: Noviembre duele inmenso, cuando el mar rompe contra las rocas. Es una especie de diálogo entre dos amantes que se inicia ante mis ojos. No es él par ella, ni ella para él, más como el discurso de dos seres que se perdieron en el inmenso. Él dice con mirada ausente: No hay bálsamo para un brazo amputado. Tú nunca preguntas por mí. Tal vez nada más sea que el miraje de una relación, que aparece como una isla poco a poco como en un espejo. Él sabe que llegó a su fin, murió, pero el anhelo, ah, la nostalgia no mata, pero muele por dentro.




