Un pastor del Corral tenía un perro muy especial llamado cidron, era el mejor compañero que un hombre podría tener, un amigo leal, un buen boyero y siempre listo para otro día de trabajo. Un día, una oveja se perdió y cidron la fue a buscar, casi al borde precipicio. Al acercarse, el perro se resbaló y fue tragado por el vacío, su propietario enloquecido por la pérdida, maldijo a la montaña y gritó que prefería entregar su alma al diablo antes que perder a su perro. El demonio escuchó su petición y le hizo la voluntad, transformo el pastor en un bicho que todavía se escucha en las noches de mal tiempo y la roca ganó así que con este lamentable episodio su nombre. Sin embargo, para los más escépticos y menos dados a legendas sin pies ni cabeza, el elucidario de Madeira, una especie de enciclopedia de todo lo que se refiere a la isla, afirma que el nombre proviene de un arbusto cidrera raramente árbol, hierba de limón, de origen asiático, introducido y cultivado a lo largo de sus ranuras volcánicas, que era recogido y se vendían en las panaderías en Funchal. Lo que es seguro, es que las cidreras ni rastro. Los gritos de lamentación, esos aún se escuchan, pero del cidron ni verlo.




