Una Mirada al Mundo Portugués

 

                                                                           

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El cidron

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Es una de las imponentes montañas de Madeira. Adyacente al pico rojo.

Desde el suelo, parece un coloso que ignora con puro desdén nuestra pequeñez patética. El Cidron, como es conocido impone respeto, aunque sólo sea, porque se trata de una altiva montaña con 1676 metros de altura, amonestada por el tiempo. Sus arrugas volcánicas esconden los aterrazados conquistados por el hombre a costa de mucho sudor y la fuerza de brazos, de donde se retira el sustento de cada día, un cotidiano duro y difícil envuelto en leyendas y misterios que ocurren a lo largo de la ruta que la recorre. Tierra de pastores el Valle de las Monjas siempre ha alimentado, ya que es la prerrogativa de cualquier localidad aislada, historias que no saben si son verdaderas o son mentiras que alimentan las conversaciones del pueblo en tiempos de lluvia y de niebla. La que voy a relatar fue contada por uno de estos hombres, quemado por las inclemencias del sol y las manos callosas por la piedra dura...

Un pastor del Corral tenía un perro muy especial llamado cidron, era el mejor compañero que un hombre podría tener, un amigo leal, un buen boyero y siempre listo para otro día de trabajo. Un día, una oveja se perdió y cidron la fue a buscar, casi al borde precipicio. Al acercarse, el perro se resbaló y fue tragado por el vacío, su propietario enloquecido por la pérdida, maldijo a la montaña y gritó que prefería entregar su alma al diablo antes que perder a su perro. El demonio escuchó su petición y le hizo la voluntad, transformo el pastor en un bicho que todavía se escucha en las noches de mal tiempo y la roca ganó así que con este lamentable episodio su nombre. Sin embargo, para los más escépticos y menos dados a legendas sin pies ni cabeza, el elucidario de Madeira, una especie de enciclopedia de todo lo que se refiere a la isla, afirma que el nombre proviene de un arbusto cidrera raramente árbol, hierba de limón, de origen asiático, introducido y cultivado a lo largo de sus ranuras volcánicas, que era recogido y se vendían en las panaderías en Funchal. Lo que es seguro, es que las cidreras ni rastro. Los gritos de lamentación, esos aún se escuchan, pero del cidron ni verlo.

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