Una Mirada al Mundo Portugués

 

                                                                           

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El hacer de cuenta

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Es el más insólito viaje a través de un mundo de carnaval en una isla perdida en el medio del Atlántico.

Carnaval en Madeira es una cosa seria. Si pensabas que es sólo en Brasil  que los ánimos se calientan, está muy engañado! Como dice el pueblo. En estos trabajos del Carnaval es el hablante establece el tono, no del samba, pero una batida bien  al gusto de los atlantes y otras criaturas que pueblan la Región. Todos son llamados y nadie se queda fuera en la procesión más democrática en la memoria viva, la torpe.
Para participar, sólo se necesita de imaginación, el gusto no entra en este esquema de hacer creer. Es pura diversión, donde se mezcla la crítica social, sin escrúpulos, ya que los farsantes normalmente se esconde detrás de una máscara, por supuesto! No es un pasaje elegante y chic, como en Venecia, pero también se permite el desfile de las tendencias en este pasadizo de alcatron. Desde el liño, al tafetán y seda, los tonos de moda deslumbran a las audiencias hasta el agotamiento y marcan la temporada del año siguiente.

Al llamado aparecen a cada año cientos de niños, adultos, viejos, nuevos, en parejas, en grupos o solos, siempre hay espacio para más uno y siempre se pone mejor. Quién se queda de fuera, se ríe, aplaude y apupa. Todo eso es bueno. Es un día que nos olvidamos de quiénes somos, de nuestra vida cotidiana y lo que realmente nos molesta hasta la médula. Es como un intervalo donde la locura sana reina y nadie tiene nada a perder.

Desde piratas, dictadores, bailarines, payasos, policías, sacerdotes y monjas y brujas todo es posible cuando no existe un límite para la buena disposición. Se recrean los escenarios, se esgriman argumentos que son tonterías, tonterías, o tal vez no. Se dedican a la músicas desafinadas,  falsas declaraciones de amor arrojadas a los espectadores que parecen aún más sensibles y se muestran las más extrañas forma de locomoción. Todo para provocar una sonrisa más, una carcajada, o incluso una batatada! (= Puñetazo en Madeira). Nada impide el atrevimiento. Por peor que sea. Quién no lo aguanta se queda de fuera. También es el día para sociabilizar, para tomar vino jaqué que refresca la garganta seca y provoca las peores resacas de que hay memoria, las malas asadas empapadas en jarabe de miel de caña y despiques improvisado. La tradición termina aquí... pero para el año hay más, no se olvide, con la ropa más o menos. Con más entusiasmo. Porque la vida son dos días y el carnaval son tres!

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