Una Mirada al Mundo Portugués

 

                                                                           

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Ruta de piedra

Escrito por  yvette vieira fts david francisco

Es un viaje fotográfico a través de la mirada pro David Francisco en el Valle de las Monjas.

A medida que descendemos hacia el valle de las monjas no nos damos cuenta de la magnitud del paisaje que nos rodea hasta llegar al valle, bien abajo  nos damos cuenta de nuestra insignificancia ante las sierras que nos rodean. Es el único punto de la isla, donde nadie puede ver el mar, borradas por paredes de roca volcánica cuyo relieve fue excavado por las distintas fuerzas de la naturaleza en constante conflicto a través de millones de años. El paso del hombre en estos lugares es reciente, incluso antes los desafíos casi insuperables que son las paredes de la montaña, la vida pasó y ella también quedo marcada en la piedra. Serpenteando a través del paisaje de este pequeño pueblo, descubrimos a lo largo de sus senderos estrechos, las huellas de un diario perpetuado en el tiempo.

Las cuevas surgen de forma natural en las grietas de la roca. Refugio natural y asequible para las personas y animales, las lapas, como son conocidas por los lugareños, también el hogar de las leyendas del Valle de las Monjas. Se cuenta a boca pequeña que vivía un pueblo indígena de la isla, los grimas, que fueron perseguido y diezmado por los colonos que vinieron después poblar este sitio. Pequeñas criaturas que caminaban en cuatro patas y casi como por arte de magia rápidamente podrían subir la montaña y vivían de lo que provenía de la naturaleza, salvajes, dicen las personas. Si existieron o no, nadie lo sabe a ciencia cierta, lo que queda es una serie de cuevas que se pueden visitar y disfrutar calmamente rodeados de una exuberante vegetación. Sin embargo, hubo uno en particular que me llamó la atención debido a los innumerables pequeños agujeros excavados en la roca donde ponían sus pies para llegar a la cueva. Para no caer, me dicen, necesitaban un gran palo largo, con una punta de metal que empujaban hasta el suelo y les ayudaba a no perder el equilibrio con el fin de llegar a salvo al refugio. La pregunta que se plantea es porque necesitaba estar en un lugar tan inhóspito una isla sin depredadores naturales? Para vigilar qué? O quién?

El hecho es que no sólo las monjas vivían en el Corral, de ahí el nombre. A lo largo del siglo XX, los esclavos fugitivos, criminales y toda clase de personas vivían en estas tranquilas y sinuosas colinas. Otro de los vestigios de otra época son los engeños de piedra, muy cerca de lo que parece ser un antiguo pueblo, el eje se coloca en un agujero que presionaba las uvas castañas como se les llamaban, contra del fondo, del cual escorria el néctar de los dioses a través de un pequeño agujero justo debajo. Bueno se sabe que esto era un tipo de uva que se producía junto  a los castaños que todavía abundan en la zona, pero que sin embargo han desaparecido por la introducción de nuevos tipos de uva. Si no tenemos un ojo vigilante muchos de estos monumentos eternos de la vida cotidiana casi se confunden con vegetación debido a su falta de uso. Pero todavía hay un engeño de piedra que es utilizado por la comunidad, como su dueño me dijo. Es realmente un viaje en el tiempo tallado en la piedra. Para siempre.

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